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El Caiman Sincopado

El blog de la Librería La Pecera
January 22

Mudanza

Nos vamos a otros lares....
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December 17

Perdidos en la traducción

Copio esta entrada de la edición digital de El Público del 16 de dicc El Público.

LOS HERMANOS MARX

Perdidos en la traducción

El doblaje puede hacer que estemos viendo un filme diferente


SARA BRITO - MADRID - 16/12/2008 08:00

"Un momento, un momento, aquí falta un testigo. Tiene que firmar un testigo". Chico y Groucho, se llevaban las manos a la cabeza en el despacho de abogados de la película Plumas de caballo (1932), donde iban a firmar un contrato. Acto seguido, Harpo salía de plano y regresaba con una foca que tiraba encima de la mesa.

¿Absurdo? No cabe duda, y generaciones de españoles se han reído ante la ocurrencia surrealista del mudito de los hermanos Marx. Pero resulta que la hilaridad de esta escena es bien distinta en el original que en la traducción que nos ha llegado. Los que tendríamos que echarnos las manos a la cabeza somos los millones de espectadores que hemos creído entender la genialidad de Groucho, Harpo y Chico, con guiños y codazos de cinéfilos de por medio.

Pero la risotada original tiene su razón de ser: "Wait, Wait, this is no legal, there is no seal on it", decían Groucho y Chico en esta escena. Seal significa en inglés tanto sello como foca, y los hermanos jugaban con el doble sentido de la palabra.

"El humor de los hermanos Marx está basado en la polisemia, en el doble sentido que puede tener una misma palabra", explica Anjana Martínez Tejerina, que ha realizado una tesis donde ha analizado 240 juegos de palabras de las películas de los humoristas para acabar afirmando que el 35% de estos juegos de palabras se perdió o nos llegó de forma absurda.

Pon a un inglés y a un español juntos a ver esta escena y ambos se reirán, sí, pero por diferentes razones. Eso mismo hizo Adrián Fuentes, profesor de traducción de la Universidad de Cádiz hace años para llegar a la conclusión de que "la tradicional falla en la transferencia del mensaje humorístico de las películas de los Marx ha contribuido a tenerlos como paradigma del humor absurdo y el surrealismo, mucho más allá de lo que en realidad lo fueron".

 

December 15

Demasiado viejo para el rocanrol, demasiado joven para morir

 

Ayer me hicieron uno de los comentarios más ridículos y gratuitos que me han hecho nunca al comprarme el último disco de AC/DC "Black Ice". Que si no era ya un poco mayor para el rocanrol.... Me dejó totalmente en fuera de juego, yo esperaba un comentario del tipo "Qué coño haces comprando aún discos" o alguna obviedad así pero no, me cuestionaron como roquero... Se me ocurrieron diez mil respuestas que dar (desde las más amables, pasando por las más teóricamente sesudas, a las directamente maleducadas pero me callé). Y pensé para mís adentros otras diez mil. No sólo me dejó en fuera de juego el comentario sino que al rato me entristeció comprobar cómo eso que es el rock (y la música en general) ya "no me pega", ¿y qué me pega? Cuando la música se convierte en algo casi vital dejas de preocuparte en lo que te pega o no te pega. Joder, me parece tan extraño que me pregunten esas cosas... Hace muchísimos años que no tengo ningún problema en escuchar a los Allman después de Maritrio, Malher después de Max Roach, PFM después de AC/DC, Chet Baker después de los Maiden, Piazzola después de Petty... y hace tanto tiempo que no tengo problemas con eso que cuando me preguntan cosas así, me desarman. El día que crea que esto ya no va conmigo, me pego un tiro. Ver estos dos videos me han salvado de ello. Que los dioses salven a Ian Anderson y a los hermanos Young.

 

December 01

Salvation Blues

En dos días he visto dos arcoiris inmensos entre nubes negras conduciendo por estas carreteras vastas a la orilla de campos que se están renovando tras la vendimia, la recogida del melón y la siega de la cebada. El otro día no pude evitarlo y paré el coche y robé varias calabazas en un camino al que de vez en cuando me gusta ir cuando estoy mal. Me acordé del día de difuntos e imaginé a un americanito aburrido pensando qué hacer con las calabazas sobrantes a principios de siglo XX y haciéndole una cara con un cuchillo oxidado. A veces las cosas surgen del aburrimiento más absoluto. Uno empieza a escribir, tras unas frases lo deja y cuando vuelve a escribir han pasado días, muchos, y la estación se ha hecho más fría, y el tiempo más raudo porque anochece antes y los ritmos los marca una personita de tres años. Aún así estoy empeñado en empezar de una vez la novela que está anidando desde hace cinco años en mi cabeza, he de sacarla antes de que irremediablemente se pudra y empiece a oler mal. Amontono libretas emborronadas, pero me da miedo acercarme a ellas con la intención de ordenarlas y ver si puedo salvar algo de ellas. La bipolaridad me asalta en cada esquina y compagino sin saber cómo guitarrazos extremos con pianos barrocos, voces sefardíes dolorosamente hermosas con gargantas guturales salidas del mismísimo infierno (hermosas a su manera, incluso en el ruido hay que aprender a separar el grano de la paja). Sin embargo me obligo, también aquí, a no ir a la deriva y a intentar centrarme. Son los días de guitarras acústicas, melodías evocadoras y tendentes a la melancolía, poesía del perdedor, que no del derrotado. Smooth, cool, americana, palabras para teclear cualquier cosa. Dylan, la luz, reescucho Oh Mercy y respiro tranquilo, el sol de un invierno que esperamos llame a la puerta cuando quizá ya haya llegado hace semanas. Mark Olson también. Salvation Blues es algo más que un conjunto de canciones, física y emocionalmente. Disco libro, poesía canción. Si uno se descarga este disco se pierde algo que de ninguna manera voy a explicar más allá de la palabra fetiche.

Lluvia y un cielo tan azul como frío. Vi al señor Olson junto a Gary Louris el sábado pasado en Madrid, en el Neu Club (la sala Galileo). Ajusté cuentas emocionales y estuve a punto de llorar cuando sonó Blue. Volví a 1996, enero, cuando compré el vinilo de “Tomorrow the green grass” de The Jayhawks y me sentí crecer a pasos agigantados, igual cogí una vía muerta y por eso ahora estoy como estoy, pero un jovial Olson me puso un sonrisa en la cara y volví de golpe, más tranquilo y con más ganas de abrirme a lo que está por llegar. A Gary Louris ya lo había visto, con Jayhawks cuando lo comandaba solamente él tras la marcha de Olson, con Golden Smog (sin Jeff Tweedy por desgracia) y en solitario. No puede evitarlo pero Louris arrastra cierto aura de resentimiento, de altanería que a veces le hace firmar canciones y ejecutarlas de manera sublime pero otras le hace parecer que va a medio gas, como si no quisiera esforzarse y estuviera harto de jugar en una división de la que está cansado (echó el resto con el increible Rainy Day music, una joya de principio a fin, y no funcionó a nivel de ventas, el estigma de Jayhawks, críticas favorables, una base de fans, pero nada). No sé, cosas mías. Huelga decir que ambos el sábado estuvieron pletóricos. Un concierto de los que van de menos a más. Surgen de la zona templada donde los problemas técnicos (nada importante en este caso, a Olson se le oía más alto que a Louris y eso les dificultaba para cantar a tono, aunque eso, que lo diga alguien medio sordo como yo tiene su guasa) se solventan rápido y en dos canciones se crea ese feedback entre el público y el grupo desde donde surge la magia y se termina por preguntarse quién está más agusto, si el músico o el oyente.

Posteo un video de Mark Olson que no me canso de ver. Otro de Olson y Louris en una de mis 20 o 25 canciones (mi recopilatorio sería doble, o tal vez iría por volúmenes...). Diciembre ya llegó. Las navidad o hunde la pecera o la salva. Espero que lo que pase no me lleve a mí también por delante.


Nota. El primer video es para verlo despacio, el segundo para sentirlo despacio.


        

 


November 13

Fallece Mitch Mitchell

Extraido de :
MITCH MITCHELL, HISTórICO BATERA DE JIMI HENDRIX


REUTERS

Mitch Mitchell, un batería pionero conocido por trabajar durante la década de 1960
con el dolo del rock Jimi Hendrix, falleció el mircoles a los 62 años.

Mitchell fue encontrado sin vida en su habitacin de hotel en Portland, Oregon.
Un portavoz del forense del condado de Multnomah seal que al parecer
Mtchell habra muerto por causas naturales. El batera se encontraba en Portland
para la ltima actuación en su gira por 18 ciudades de EEUU junto a 'Experience Hendrix',
una serie de conciertos que conmemoran el legado de la fallecida estrella del rock.

"Estamos todos destrozados tras enterarnos de la muerte de Mitch.
Era un hombre maravilloso, un músico brillante y un verdadero amigo",
dijo la hermana de Hendrix, Janie Hendrix, en un comunicado.
"Su papel en la formación del sonido de 'Jimi Hendrix Experience'
 no puede ser subestimado", añadió.
"Durante el transcurso de la última gira, se le veía contento
 por la interrelación entre los músicos y el público.
No hay duda de que amaba lo que hacía", decía el texto.
Mitchell, que nació en Gran Bretaña, comenzó en el mundo del espectáculo
 como un niño actor, pero abandonó la actuación por su amor verdadero,
la música de jazz y el rock.
Batería de alto perfil, Mitchell se unió a 'Jimi Hendrix Experience' en 1966
y acompañó al guitarrista en su legendaria actuación en Woodstock tres años después.
Tocó en clásicos de Hendrix tales como 'Fire', 'Manic Depression' y 'Third Stone from the Sun'.

Mitchell era considerado por los citicos musicales como un apoyo
 en el desarrollo del estilo de batería conocido como 'fusin',
que combina el rock con el jazz y que está influido por gigantes de ese estilo
 como Elvin Jones y Max Roach.
El estilo convirtió a la batera en un instrumento primoridal, un concepto innovador del rock and roll.

   



October 15

El cuento que nunca será escrito

El cuento que nunca será escrito (o El andar de la mujer soñada sin rostro)

Vista de espaldas, lo único que pudo saber de esa mujer es que aquella falda vaporosa e inconmovible que llevaba le quedaba estupenda al andar con ese paso sinuoso y fértil que tienen algunas mujeres cuando salen de ginecólogo o de la casa de un amante. No le dio tiempo a apretar el paso lo suficiente como para llegar a su altura y poder confirmar las expectativas depositadas en su rostro, prologadas quizás por un perfume denso y evocador, pues un par de metros antes ella sacó enérgicamente unas llaves de su bolso (un bolso pequeño de cuero reluciente como podría ser su cara recién lavada si la hubiera llegado a ver) y entró en un portal como si Marylin Monroe se hubiese acordado justo antes de pasar sobre la rejilla del respiradero del metro que se había dejado el grifo de la bañera abierto. El ruido sordo de la puerta al cerrarse rápidamente sonó a carpetazo, a sueño apagado de golpe por un despertador cruel, a claqueta diciendo fin si las claquetas se utilizasen también al terminar las escenas en el cine, a guillotina sorda, a bocinazo de coche enfermo, a abrupto final de cuento que nunca será escrito.

Lo único digno de mención sería una cara de desilusión, un perfume adivinado, una mueca sarcástica y la intención de seguir buscando la perdición cuando acaso ésta hace ya mucho que el hombre parado en la acera encontró.

la mujer sin rostro




October 07

Arte

Estracto de un libro:
"El arte no es una forma de ganarse la vida. Es más bien una forma muy humana de hacer la vida más soportable. Practicar un arte, bien o mal, es una forma de hacer crecer el alma. Por el amor de Dios, canten en la ducha. Bailen con la música de la radio. Cuenten cuentos. Escriban un poema para un amigo o para una amiga, aunque sea pésimo. Háganlo tan bien como sepan y obtendrán una enorme recompensa. Habrán creado algo".

Kurt Vonnegut, Un hombre sin patria. Ediciones Del Bronce, 2006

Estracto de la solapa (no me apetece "definir" el libro)
"En unos textos breves, brillantes y llenos de humor negro, critica todo lo que no le gusta del mundo que le rodea [...]se ríe de todo y de todos, incluso de sí mismo, pero lo hace con el estilo que le ha convertido en uno de los gigantes literarios del último medio siglo. Con mucho humor, nos transmite sus ideas sobre la sociedad, la literatura y la política, y acaba por reconocer que no encaja en el país en el que le ha tocado vivir y que, por tanto, es un hombre sin patria."

Me temo que así estamos muchos...
October 04

Apuntes sobre adolescencia I

Intentando alejarme de esta peligrosa tendencia "literaria" de las últimas entradas del blog, es hora de retomar el sentido frívolo y de diario de otras veces.

Supongo que la época de falsear mi memoria de cara a la galería ya ha pasado; digo esto porque ayer a medio día me vine a la parte de arriba de la Pecera a leer un rato y en un injustificable juego a la Guillermo Tell con la selección de vinilos que tengo aquí (la gran mayoría sigue a mi pesar en casa de mis padres) cogí el “Long Cold Winter” de Cinderella!!!! (ni siquiera recuerdo que lo cogiera y me lo trajera). Ya estoy muy mayor para andar diciendo que yo con 15 años ya escuchaba  a Tim Buckley o a Miles Davis, de eso nada, como la gran mayoría de los adolescentes occidentales de finales de los ochenta yo estaba colgado con los Guns’n’Roses  (aunque en honor a la verdad diré que en el instituto los únicos que los escuchábamos éramos Fernando, Jorge y yo). Fueron unos años excitantes en ese sentido; al aluvión de bandas rockeras que nos alucinaban hay que añadir que estábamos descubriendo a los “históricos”, Zeppelin, Sabbath, ZZ Top,  Rory Gallagher, The Doors (mención especial a estos últimos, en mi vida hay un antes y un después de Jim Morrison… Me gustaría decir que me enfrenté por primera vez a una hoja en blanco por mediación de Cortázar pero realmente fue la estrella fugaz llamada Jim Morrison quien me “animó” a ello. Meses después, porque en esos años todo pasa en meses, meses que parecen lustros pero es increíble cómo uno se “moldea” en meses, como si fuéramos esponjas inconscientes que todo lo absorben de manera tan volátil como indeleble, llegaron a mi vida, Salinger, Hesse y Henry Miller, y entre todo eso siempre, siempre, la música).

Si he de añadir una cosa más en mi defensa es que si algo no me ha importado nunca han sido las etiquetas; si algo me ha gustado, me ha gustado y ya, por eso nunca tuve problemas en escuchar El último de la fila entre AC/DC y Kris Kristoferson (no tengo ni la más remota idea de qué hacía un disco de este hombre en casa), podía mezclar perfectamente a Zodiac Mindwarp con Joan Baez y Ñu sin sentirme culpable, sencillamente porque no sabía por qué tenía que sentirme culpable. Básicamente toda esta parrafada viene al caso de la sorprendente escucha de Cinderella!!! Válgame Thor, qué cosas. Y el caso es que me siguió pareciendo un buen disco, incluso un disco cojonudo. Es un disco extraño porque en líneas generales es un disco muy melancólico, en contra del sano y frívolo hedonismo imperante en la mayoría de la música de esa época (sobre todo de la rockera). Ayer me vino a la cabeza (y a la piel) el recuerdo de la nochevieja del 88 al 89, en la casa de Ortega donde hacíamos todas la fiestas, escuchando ese disco entero a las tantas de la madrugada, amaneciendo ya, cuando ya había pasado la hora de las baladas y los que habían pillado cacho estaban en otros menesteres, los más enérgicos se habían marchado a otros maitines con más vidilla y allí sólo quedábamos los cuatro tristes y los cuatro borrachos, hablando, durmiendo la mona o sentados en el patio con la litrona medio caliente escuchando música, pensando en el años que nos venía como si fuéramos ancianos y nos lamentáramos de lo rápido que pasaba (y pasa) el tiempo y con la música de fondo ayudándonos a creer que podíamos hacer cosas grandes… ¡¡¡Así que recibí gloriosamente el 89 escuchando “Coming Home”!!!… Chapó… No sé si darle las gracias a la diosa Fortuna por hacerme recordar estas cosas sin proponérmelo… Cómo hemos pasado de pensar en comernos el mundo a indolentes treintañeros en veinte años es una historia fascinante. Si casas así me hacen recuperar el brillo, aunque sea momentáneamente o parezca incluso patético, bienvenidas sean. Larga vida a Tom Keifer...

 

   


October 03

Madrid o el abrigo de Sol (variaciones sobre dos imágenes)

MADRID O EL ABRIGO DE SOL (variaciones sobre dos imágenes)

 

Al entrar vio el abrigo de Sol colgado de una percha en la puerta del aseo; no es agradable ver a los amigos colgados, ni siquiera simbólicamente, hacerlo te produce una tremenda tristeza, verlos, ahorcados, sobre todo por la postura desgarbadamente triste del abrigo y porque comprobamos que la gente no cambia tanto de abrigo como nos quieren hacer ver, y después de eso a uno ya no le quedan ganas de hacer nada más, ni comer, ni deshacer la maleta, nada salvo sentarse al lado de la ventana, pensando en la soledad de los abrigos, preguntándose si tiene derecho a sentirse solo en esta ciudad de solos, deseando vagamente provocar un alud de quejas y mancillar la  derrota de los que acaso le odian de veras, levantar el auricular del teléfono y marcar el número de alguien que sí le ame, pero todo se queda en nada por temor a no encontrar a nadie al otro lado, y entonces, sólo entonces descuelga el abrigo de la puerta, se lo pone y sale a la calle, proscenio en el que nadie le da el pie que desearía; Shakespeare no pasó por aquí cuando repartió los papeles, como mucho a él le llegaron postales en las que ponía soldado segundo, sirviente tercero, bruja primera, Túbal… nadie le dijo que no pudiera ser un digno Romeo o un descerebrado Hamlet, aunque puestos a elegir, si le preguntasen le gustaría ser un Mercurio desbocado, pero eso sólo son anhelos de segundón; que su estampa se parezca a la de un Frankenstein travesti con ese abrigo de mujer lleno de colores en esos momentos le parece algo totalmente secundario viendo la tormenta de agua que está cayendo y que le está empapando hasta los huesos... Muy a su pesar, a las dos manzanas no tuvo más remedio que volver a su piso y rumiar su tristeza entre las cuatro paredes que tanto odiaba desde que Sol se fue (momentáneamente, necesito un tiempo, le dijo), sin saber que el agua también se estaba llevando por fin la tristeza, pero eso no lo sabría hasta un par de días después. Totalmente empapado y sin quitarse el abrigo, se quedó dormido metido en la bañera como un adolescente envejecido por el alzheimer de los pájaros de su cabeza.


El abrigo de Sol

El sol en lo oscuro

September 26

De máquinas de escribir y el bloqueo de leer

-         Mamá, ¿qué es eso?

-         Eso es una máquina de escribir

-         ¿Y para qué vale?

-         Pues para escribir

-         ¿Como el ordenador de papá?

-         Sí, es como un ordenador pero sólo para escribir...

-         Qué grande...

-         Venga, vámonos.

-         ¿Y dónde se conecta la impresora?

-         Te he dicho que nos vamos... deja de tocar ahí que este señor se va a enfadar...


Underwood de La Pecera

La madre agarró al niño por el brazo y salió a la calle. Fue entonces cuando el dependiente salió del mostrador y volvió a colocar las teclas de la máquina de escribir que habían quedado levantadas al haber pulsado el niños varias de ellas a la vez con la palma de la mano... Ahí de pié, el dependiente se quedó mirando la vieja máquina de escribir. Una Underwood de casi cien años que su suegro le había regalado al enterarse de que en la librería tenía varias máquinas de escribir (una Oliveti verde de 1965, una Periquet y Co. portátil de 1944 e incluso una Smith Corona eléctrica de los caóticos ochenta, la única propiamente suya) colocadas en algunos estantes. De las cuatro que poseía aquella Underwood ocupaba el lugar más visible, sobre una de las mesas que utilizaba como expositor, y era francamente grande y pesada. Tuvo el impulso de ponerse a hablar con la Underwood, a disculparse frente a ella por lo que había dicho aquel muchacho posmoderno y a todas luces consentido pero no lo hizo porque pensó que eso le convertía en un viejo prematuro pensando en lo desconectado que anda del mundo, con su bici, sus vinilos, su hija que no es suya y a la que le cuenta cuentos infantiles de quiroga de memoria, con lo que de inevitable invención y desvarío tiene, con la sensación de tener sus días regalados desde hace seis años y porque en aquel instante también pensó que no está bien hablar con las cosas, aunque trabaje solo en aquella tienda y haya días en los que apenas habla con nadie, no pare de pensar indolencias (peores incluso que las de ese instante frente a la vieja y señorial Underwood), y pase las horas navegando por Internet, de página en página leyendo cualquier cosa, grupos de música imposibles, blogs de supuesta literatura y de no tan supuesta, páginas dedicadas al situacionismo (su última obsesión) o sobre concursos cuyo plazo siempre ha finalizado, y acabando muchas veces visitando páginas de dudosa catadura moral mientras piensa en que estaría mejor leyendo cualquier libro. Miró una a una las estanterías repletas de libros y le dio pereza coger alguno, básicamente porque hubiera tenido que decidir cuál y eso le hubiera llevado a preguntarse tal cantidad de cosas que resolvió no coger ninguno (qué le apetece leer, qué debe leer, qué dejó a medias de leer, qué quiere leer y qué lectura es la más idónea para sus relativamente nuevos hábitos de lectura, es decir lecturas como viajes cortos de metro y no como viajes largos en tren). Cuando volvía hacia el mostrador con ese último pensamiento en la cabeza se acordó de un primo suyo, con el cual hacía casi un año que no hablaba, y pensó en llamarlo pero cuando cogió el teléfono vio que tendría que buscar el número en la agenda y que ésta estaba en la habitación de arriba y se dijo que otro día, aunque siguió pensando en aquel familiar y en lo que le dijo una de las últimas veces que se vieron en Madrid, cuando él (su primo) trabajaba en un sex shop de la calle Atocha (el Mundo Fantástico cree recordar que se llamaba) y le contaba que se pasaba el día leyendo compulsivamente, como si el suicidio fuese una opción o los perros le esperasen rabiosos apostados a la salida del trabajo, sin hacer apenas caso ni a los clientes (hecho que la mayoría de ellos agradecían enormemente) ni a las múltiples películas porno que proyectaba en una monstruosa pared cubierta de pantallas de televisión.

Después el dependiente cerró Internet, cogió varios libros con el firme propósito de decidir aquella misma noche cuál de ellas leería primero (o si leería todas alternativamente a la vez; “Pulp-Rock” de Ignacio Juliá, “Sexografías" de Gabriela Wiener, “Esta historia” de Baricco y “El lecho de Procusto” de Camil Petrescu), cogió su cuaderno, aquel que lleva meses deseando acabar para estrenar tras dos años otro y en el cual apunta cosas para seguir alimentando su sueño de escribir por fin esa novelita que lleva años diciendo a sus amigos íntimos que va a escribir, y escribe la conversación entre una madre y su hijo acerca de una máquina de escribir pensando en que igual consigue hacer algo con eso, aunque sea tomarla de excusa para añadir una entrada nueva a su blog.

Un par de días más tarde, cuando ya hubo colgado algo en su blog al respecto, su amigo Iván le dijo que hiciera el favor de no hablar de él en tercera persona , que ese recurso no le pegaba y el dependiente pensó que tenía razón, tuvo ganas de invitar a su amigo a comer y hablar con él horas y horas, como hacían antes, pero estaban a muchos kilómetros uno del otro, y mientras el dependiente vio que era hora de cerrar y se afanaba en encontrar en su bolsillo las llaves de la tienda  pensó que la próxima vez lo haría mejor, todo lo intentaría hacer mejor, siempre y cuando exista la posibilidad de empezar de nuevo todo otra vez, aunque seguro que eso no tiene tanta importancia como le parece a él en ese momento...


 
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juan miguel contreras

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