juan miguel's profileEl Caiman SincopadoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
El Caiman SincopadoEl blog de la Librería La Pecera December 17 Perdidos en la traducciónCopio esta entrada de la edición digital de El Público del 16 de dicc El Público. LOS HERMANOS MARX
Perdidos en la traducciónEl doblaje puede hacer que estemos viendo un filme diferente SARA BRITO - MADRID - 16/12/2008 08:00 "Un momento, un momento, aquí falta un testigo. Tiene que firmar un testigo". Chico y Groucho, se llevaban las manos a la cabeza en el despacho de abogados de la película Plumas de caballo (1932), donde iban a firmar un contrato. Acto seguido, Harpo salía de plano y regresaba con una foca que tiraba encima de la mesa. ¿Absurdo? No cabe duda, y generaciones de españoles se han reído ante la ocurrencia surrealista del mudito de los hermanos Marx. Pero resulta que la hilaridad de esta escena es bien distinta en el original que en la traducción que nos ha llegado. Los que tendríamos que echarnos las manos a la cabeza somos los millones de espectadores que hemos creído entender la genialidad de Groucho, Harpo y Chico, con guiños y codazos de cinéfilos de por medio. Pero la risotada original tiene su razón de ser: "Wait, Wait, this is no legal, there is no seal on it", decían Groucho y Chico en esta escena. Seal significa en inglés tanto sello como foca, y los hermanos jugaban con el doble sentido de la palabra. "El humor de los hermanos Marx está basado en la polisemia, en el doble sentido que puede tener una misma palabra", explica Anjana Martínez Tejerina, que ha realizado una tesis donde ha analizado 240 juegos de palabras de las películas de los humoristas para acabar afirmando que el 35% de estos juegos de palabras se perdió o nos llegó de forma absurda. Pon a un inglés y a un español juntos a ver esta escena
y ambos se reirán, sí, pero por diferentes razones. Eso mismo hizo
Adrián Fuentes, profesor de traducción de la Universidad de Cádiz hace
años para llegar a la conclusión de que "la tradicional falla en la
transferencia del mensaje humorístico de las películas de los Marx ha
contribuido a tenerlos como paradigma del humor absurdo y el
surrealismo, mucho más allá de lo que en realidad lo fueron".
December 15 Demasiado viejo para el rocanrol, demasiado joven para morirAyer me hicieron uno de los comentarios más ridículos y gratuitos que me han hecho nunca al comprarme el último disco de AC/DC "Black Ice". Que si no era ya un poco mayor para el rocanrol.... Me dejó totalmente en fuera de juego, yo esperaba un comentario del tipo "Qué coño haces comprando aún discos" o alguna obviedad así pero no, me cuestionaron como roquero... Se me ocurrieron diez mil respuestas que dar (desde las más amables, pasando por las más teóricamente sesudas, a las directamente maleducadas pero me callé). Y pensé para mís adentros otras diez mil. No sólo me dejó en fuera de juego el comentario sino que al rato me entristeció comprobar cómo eso que es el rock (y la música en general) ya "no me pega", ¿y qué me pega? Cuando la música se convierte en algo casi vital dejas de preocuparte en lo que te pega o no te pega. Joder, me parece tan extraño que me pregunten esas cosas... Hace muchísimos años que no tengo ningún problema en escuchar a los Allman después de Maritrio, Malher después de Max Roach, PFM después de AC/DC, Chet Baker después de los Maiden, Piazzola después de Petty... y hace tanto tiempo que no tengo problemas con eso que cuando me preguntan cosas así, me desarman. El día que crea que esto ya no va conmigo, me pego un tiro. Ver estos dos videos me han salvado de ello. Que los dioses salven a Ian Anderson y a los hermanos Young. December 01 Salvation BluesEn dos días he visto dos arcoiris inmensos entre nubes
negras conduciendo por estas carreteras vastas a la orilla de campos que se
están renovando tras la vendimia, la recogida del melón y la siega de la
cebada. El otro día no pude evitarlo y paré el coche y robé varias calabazas en
un camino al que de vez en cuando me gusta ir cuando estoy mal. Me acordé del
día de difuntos e imaginé a un americanito aburrido pensando qué hacer con las
calabazas sobrantes a principios de siglo XX y haciéndole una cara con un
cuchillo oxidado. A veces las cosas surgen del aburrimiento más absoluto. Uno
empieza a escribir, tras unas frases lo deja y cuando vuelve a escribir han
pasado días, muchos, y la estación se ha hecho más fría, y el tiempo más raudo
porque anochece antes y los ritmos los marca una personita de tres años. Aún así
estoy empeñado en empezar de una vez la novela que está anidando desde hace
cinco años en mi cabeza, he de sacarla antes de que irremediablemente se pudra
y empiece a oler mal. Amontono libretas emborronadas, pero me da miedo acercarme a ellas con la intención de ordenarlas y ver si puedo salvar algo de ellas. La bipolaridad me asalta en cada esquina y compagino sin
saber cómo guitarrazos extremos con pianos barrocos, voces sefardíes dolorosamente
hermosas con gargantas guturales salidas del mismísimo infierno (hermosas a su manera,
incluso en el ruido hay que aprender a separar el grano de la paja). Sin embargo
me obligo, también aquí, a no ir a la deriva y a intentar centrarme. Son los días
de guitarras acústicas, melodías evocadoras y tendentes a la melancolía, poesía
del perdedor, que no del derrotado. Smooth, cool, americana, palabras para
teclear cualquier cosa. Dylan, la luz, reescucho Oh Mercy y respiro tranquilo, el sol de un
invierno que esperamos llame a la puerta
cuando quizá ya haya llegado hace semanas. Mark Olson también. Salvation Blues
es algo más que un conjunto de canciones, física y emocionalmente. Disco libro,
poesía canción. Si uno se descarga este disco se pierde algo que de ninguna manera voy a explicar más allá de la palabra fetiche. Lluvia y un cielo tan azul como frío. Vi al señor Olson junto a Gary Louris el sábado pasado en Madrid, en el Neu Club (la sala Galileo). Ajusté cuentas emocionales y estuve a punto de llorar cuando sonó Blue. Volví a 1996, enero, cuando compré el vinilo de “Tomorrow the green grass” de The Jayhawks y me sentí crecer a pasos agigantados, igual cogí una vía muerta y por eso ahora estoy como estoy, pero un jovial Olson me puso un sonrisa en la cara y volví de golpe, más tranquilo y con más ganas de abrirme a lo que está por llegar. A Gary Louris ya lo había visto, con Jayhawks cuando lo comandaba solamente él tras la marcha de Olson, con Golden Smog (sin Jeff Tweedy por desgracia) y en solitario. No puede evitarlo pero Louris arrastra cierto aura de resentimiento, de altanería que a veces le hace firmar canciones y ejecutarlas de manera sublime pero otras le hace parecer que va a medio gas, como si no quisiera esforzarse y estuviera harto de jugar en una división de la que está cansado (echó el resto con el increible Rainy Day music, una joya de principio a fin, y no funcionó a nivel de ventas, el estigma de Jayhawks, críticas favorables, una base de fans, pero nada). No sé, cosas mías. Huelga decir que ambos el sábado estuvieron pletóricos. Un concierto de los que van de menos a más. Surgen de la zona templada donde los problemas técnicos (nada importante en este caso, a Olson se le oía más alto que a Louris y eso les dificultaba para cantar a tono, aunque eso, que lo diga alguien medio sordo como yo tiene su guasa) se solventan rápido y en dos canciones se crea ese feedback entre el público y el grupo desde donde surge la magia y se termina por preguntarse quién está más agusto, si el músico o el oyente. Posteo un video de Mark Olson que no me canso de ver. Otro de Olson y Louris en una de mis 20 o 25 canciones (mi recopilatorio sería doble, o tal vez iría por volúmenes...). Diciembre ya llegó. Las navidad o hunde la pecera o la salva. Espero que lo que pase no me lleve a mí también por delante. Nota. El primer video es para verlo despacio, el segundo para sentirlo despacio.
November 13 Fallece Mitch MitchellExtraido de : October 15 El cuento que nunca será escritoEl cuento que nunca será escrito (o El andar de la mujer soñada sin rostro) Vista de espaldas, lo único que pudo saber de esa mujer es
que aquella falda vaporosa e inconmovible que llevaba le quedaba estupenda al
andar con ese paso sinuoso y fértil que tienen algunas mujeres cuando salen de ginecólogo
o de la casa de un amante. No le dio tiempo a apretar el paso lo suficiente como para llegar
a su altura y poder confirmar las expectativas depositadas en su rostro,
prologadas quizás por un perfume denso y evocador, pues un par de metros antes ella
sacó enérgicamente unas llaves de su bolso (un bolso pequeño de cuero
reluciente como podría ser su cara recién lavada si la hubiera llegado a ver) y
entró en un portal como si Marylin Monroe se hubiese acordado justo antes de
pasar sobre la rejilla del respiradero del metro que se había dejado el grifo de
la bañera abierto. El ruido sordo de la puerta al cerrarse rápidamente sonó a
carpetazo, a sueño apagado de golpe por un despertador cruel, a claqueta
diciendo fin si las claquetas se utilizasen también al terminar las escenas en
el cine, a guillotina sorda, a bocinazo de coche enfermo, a abrupto final de
cuento que nunca será escrito. Lo único digno de mención sería una cara de
desilusión, un perfume adivinado, una mueca sarcástica y la intención de seguir
buscando la perdición cuando acaso ésta hace ya mucho que el hombre parado en
la acera encontró.
October 07 Arte Estracto de un libro: "El arte no es una forma de ganarse la vida. Es más bien una forma muy humana de hacer la vida más soportable. Practicar un arte, bien o mal, es una forma de hacer crecer el alma. Por el amor de Dios, canten en la ducha. Bailen con la música de la radio. Cuenten cuentos. Escriban un poema para un amigo o para una amiga, aunque sea pésimo. Háganlo tan bien como sepan y obtendrán una enorme recompensa. Habrán creado algo". Kurt Vonnegut, Un hombre sin patria. Ediciones Del Bronce, 2006 Estracto de la solapa (no me apetece "definir" el libro) "En unos textos breves, brillantes y llenos de humor negro, critica todo lo que no le gusta del mundo que le rodea [...]se ríe de todo y de todos, incluso de sí mismo, pero lo hace con el estilo que le ha convertido en uno de los gigantes literarios del último medio siglo. Con mucho humor, nos transmite sus ideas sobre la sociedad, la literatura y la política, y acaba por reconocer que no encaja en el país en el que le ha tocado vivir y que, por tanto, es un hombre sin patria." Me temo que así estamos muchos... October 04 Apuntes sobre adolescencia IIntentando alejarme de esta peligrosa tendencia "literaria" de las últimas entradas del blog, es hora de retomar el sentido frívolo y de diario de otras veces.
Supongo que la época de falsear mi memoria de cara a la galería ya ha pasado; digo esto porque ayer a medio día me vine a la parte de arriba de la Pecera a leer un rato y en un injustificable juego a la Guillermo Tell con la selección de vinilos que tengo aquí (la gran mayoría sigue a mi pesar en casa de mis padres) cogí el “Long Cold Winter” de Cinderella!!!! (ni siquiera recuerdo que lo cogiera y me lo trajera). Ya estoy muy mayor para andar diciendo que yo con 15 años ya escuchaba a Tim Buckley o a Miles Davis, de eso nada, como la gran mayoría de los adolescentes occidentales de finales de los ochenta yo estaba colgado con los Guns’n’Roses (aunque en honor a la verdad diré que en el instituto los únicos que los escuchábamos éramos Fernando, Jorge y yo). Fueron unos años excitantes en ese sentido; al aluvión de bandas rockeras que nos alucinaban hay que añadir que estábamos descubriendo a los “históricos”, Zeppelin, Sabbath, ZZ Top, Rory Gallagher, The Doors (mención especial a estos últimos, en mi vida hay un antes y un después de Jim Morrison… Me gustaría decir que me enfrenté por primera vez a una hoja en blanco por mediación de Cortázar pero realmente fue la estrella fugaz llamada Jim Morrison quien me “animó” a ello. Meses después, porque en esos años todo pasa en meses, meses que parecen lustros pero es increíble cómo uno se “moldea” en meses, como si fuéramos esponjas inconscientes que todo lo absorben de manera tan volátil como indeleble, llegaron a mi vida, Salinger, Hesse y Henry Miller, y entre todo eso siempre, siempre, la música). Si he de añadir una cosa más en mi defensa es que si algo no me ha importado nunca han sido las etiquetas; si algo me ha gustado, me ha gustado y ya, por eso nunca tuve problemas en escuchar El último de la fila entre AC/DC y Kris Kristoferson (no tengo ni la más remota idea de qué hacía un disco de este hombre en casa), podía mezclar perfectamente a Zodiac Mindwarp con Joan Baez y Ñu sin sentirme culpable, sencillamente porque no sabía por qué tenía que sentirme culpable. Básicamente toda esta parrafada viene al caso de la sorprendente escucha de Cinderella!!! Válgame Thor, qué cosas. Y el caso es que me siguió pareciendo un buen disco, incluso un disco cojonudo. Es un disco extraño porque en líneas generales es un disco muy melancólico, en contra del sano y frívolo hedonismo imperante en la mayoría de la música de esa época (sobre todo de la rockera). Ayer me vino a la cabeza (y a la piel) el recuerdo de la nochevieja del 88 al 89, en la casa de Ortega donde hacíamos todas la fiestas, escuchando ese disco entero a las tantas de la madrugada, amaneciendo ya, cuando ya había pasado la hora de las baladas y los que habían pillado cacho estaban en otros menesteres, los más enérgicos se habían marchado a otros maitines con más vidilla y allí sólo quedábamos los cuatro tristes y los cuatro borrachos, hablando, durmiendo la mona o sentados en el patio con la litrona medio caliente escuchando música, pensando en el años que nos venía como si fuéramos ancianos y nos lamentáramos de lo rápido que pasaba (y pasa) el tiempo y con la música de fondo ayudándonos a creer que podíamos hacer cosas grandes… ¡¡¡Así que recibí gloriosamente el 89 escuchando “Coming Home”!!!… Chapó… No sé si darle las gracias a la diosa Fortuna por hacerme recordar estas cosas sin proponérmelo… Cómo hemos pasado de pensar en comernos el mundo a indolentes treintañeros en veinte años es una historia fascinante. Si casas así me hacen recuperar el brillo, aunque sea momentáneamente o parezca incluso patético, bienvenidas sean. Larga vida a Tom Keifer...
October 03 Madrid o el abrigo de Sol (variaciones sobre dos imágenes)MADRID O EL ABRIGO DE SOL (variaciones sobre dos imágenes)
Al entrar vio el abrigo de Sol colgado de una percha en la puerta del aseo; no es agradable ver a los amigos colgados, ni siquiera simbólicamente, hacerlo te produce una tremenda tristeza, verlos, ahorcados, sobre todo por la postura desgarbadamente triste del abrigo y porque comprobamos que la gente no cambia tanto de abrigo como nos quieren hacer ver, y después de eso a uno ya no le quedan ganas de hacer nada más, ni comer, ni deshacer la maleta, nada salvo sentarse al lado de la ventana, pensando en la soledad de los abrigos, preguntándose si tiene derecho a sentirse solo en esta ciudad de solos, deseando vagamente provocar un alud de quejas y mancillar la derrota de los que acaso le odian de veras, levantar el auricular del teléfono y marcar el número de alguien que sí le ame, pero todo se queda en nada por temor a no encontrar a nadie al otro lado, y entonces, sólo entonces descuelga el abrigo de la puerta, se lo pone y sale a la calle, proscenio en el que nadie le da el pie que desearía; Shakespeare no pasó por aquí cuando repartió los papeles, como mucho a él le llegaron postales en las que ponía soldado segundo, sirviente tercero, bruja primera, Túbal… nadie le dijo que no pudiera ser un digno Romeo o un descerebrado Hamlet, aunque puestos a elegir, si le preguntasen le gustaría ser un Mercurio desbocado, pero eso sólo son anhelos de segundón; que su estampa se parezca a la de un Frankenstein travesti con ese abrigo de mujer lleno de colores en esos momentos le parece algo totalmente secundario viendo la tormenta de agua que está cayendo y que le está empapando hasta los huesos... Muy a su pesar, a las dos manzanas no tuvo más remedio que volver a su piso y rumiar su tristeza entre las cuatro paredes que tanto odiaba desde que Sol se fue (momentáneamente, necesito un tiempo, le dijo), sin saber que el agua también se estaba llevando por fin la tristeza, pero eso no lo sabría hasta un par de días después. Totalmente empapado y sin quitarse el abrigo, se quedó dormido metido en la bañera como un adolescente envejecido por el alzheimer de los pájaros de su cabeza. September 26 De máquinas de escribir y el bloqueo de leer- Mamá, ¿qué es eso? - Eso es una máquina de escribir - ¿Y para qué vale? - Pues para escribir - ¿Como el ordenador de papá? - Sí, es como un ordenador pero sólo para escribir... - Qué grande... - Venga, vámonos. - ¿Y dónde se conecta la impresora? - Te he dicho que nos vamos... deja de tocar ahí que este señor se va a enfadar... La
madre agarró al niño por el brazo y salió a la calle. Fue entonces cuando el
dependiente salió del mostrador y volvió a colocar las teclas de la máquina de
escribir que habían quedado levantadas al haber pulsado el niños varias de
ellas a la vez con la palma de la mano... Ahí de pié, el dependiente se quedó
mirando la vieja máquina de escribir. Una Underwood de casi cien años
que su suegro le había regalado al enterarse de que en la librería tenía varias
máquinas de escribir (una Oliveti verde de 1965, una Periquet y Co. portátil de 1944 e
incluso una Smith Corona eléctrica de los caóticos ochenta, la única
propiamente suya) colocadas en algunos estantes. De las cuatro que poseía
aquella Underwood ocupaba el lugar más visible, sobre una de las mesas
que utilizaba como expositor, y era francamente grande y pesada. Tuvo el
impulso de ponerse a hablar con la
Underwood, a disculparse frente a ella por lo que
había dicho aquel muchacho posmoderno y a todas luces consentido pero no lo
hizo porque pensó que eso le convertía en un viejo prematuro pensando en lo desconectado que anda del mundo, con su bici, sus vinilos, su hija que no es suya y a la que le cuenta cuentos infantiles de quiroga de memoria, con lo que de inevitable invención y desvarío tiene, con la sensación de tener sus días regalados desde hace seis años y porque en aquel
instante también pensó que no está bien hablar con las cosas, aunque trabaje
solo en aquella tienda y haya días en los que apenas habla con nadie, no pare
de pensar indolencias (peores incluso que las de ese instante frente a la vieja y señorial Underwood), y pase las horas navegando por Internet, de página en
página leyendo cualquier cosa, grupos de música imposibles, blogs de supuesta literatura y de no tan supuesta, páginas dedicadas al situacionismo (su última obsesión) o sobre concursos cuyo plazo siempre ha finalizado, y acabando muchas veces visitando páginas
de dudosa catadura moral mientras piensa en que estaría mejor leyendo cualquier libro.
Miró una a una las estanterías repletas de libros y le dio pereza coger alguno,
básicamente porque hubiera tenido que decidir cuál y eso le hubiera llevado a
preguntarse tal cantidad de cosas que resolvió no coger ninguno (qué le apetece
leer, qué debe leer, qué dejó a medias de leer, qué quiere leer y qué lectura
es la más idónea para sus relativamente nuevos hábitos de lectura, es decir
lecturas como viajes cortos de metro y no como viajes largos en tren). Cuando
volvía hacia el mostrador con ese último pensamiento en la cabeza se acordó de
un primo suyo, con el cual hacía casi un año que no hablaba, y pensó en
llamarlo pero cuando cogió el teléfono vio que tendría que buscar el número en
la agenda y que ésta estaba en la habitación de arriba y se dijo que otro día,
aunque siguió pensando en aquel familiar y en lo que le dijo una de las últimas
veces que se vieron en Madrid, cuando él (su primo) trabajaba en un sex shop de
la calle Atocha (el Mundo Fantástico cree recordar que se llamaba) y le contaba
que se pasaba el día leyendo compulsivamente, como si el suicidio fuese una opción o los perros le esperasen rabiosos apostados a la salida del trabajo, sin hacer apenas caso ni a los clientes (hecho que
la mayoría de ellos agradecían enormemente) ni a las múltiples películas porno que
proyectaba en una monstruosa pared cubierta de pantallas de televisión. Después
el dependiente cerró Internet, cogió varios libros con el firme
propósito de decidir aquella misma noche cuál de ellas leería primero (o si
leería todas alternativamente a la vez; “Pulp-Rock” de Ignacio Juliá, “Sexografías" de Gabriela Wiener, “Esta historia” de Baricco y “El lecho de Procusto” de
Camil Petrescu), cogió su cuaderno, aquel que lleva meses deseando acabar para
estrenar tras dos años otro y en el cual apunta cosas para seguir alimentando
su sueño de escribir por fin esa novelita que lleva años diciendo a sus amigos
íntimos que va a escribir, y escribe la conversación entre una madre y su hijo
acerca de una máquina de escribir pensando en que igual consigue hacer algo con
eso, aunque sea tomarla de excusa para añadir una entrada nueva a su blog.
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